SEXO ANAL: TABÚ, DOLOR, RELIGIÓN Y TENDENCIAS.

Son muchas los motivos y pocas las explicaciones que hacen del sexo anal un tabú en pleno siglo XXI. Los estudios relacionados a esta práctica sexual son contados y, sin embargo, a cada minuto, alrededor del mundo, miles de parejas lo experimentan.

Sexualidad-11

Que el sexo anal siga siendo un tema tabú y, por consiguiente, poco estudiado, podría explicar el porqué de la anodispareunia —dolor intenso durante la penetración por el ano. Para tener más noción sobre esta práctica y todo lo que la rodea, el científico Aleksander Stulhofer, de la Universidad de Zagreb, realizó un estudio que se centraría en mujeres jóvenes y su relación con esta práctica sexual.

Aleksander Stulhofery su equipo de investigadores encuestaron a más de 2 mil mujeres de entre 18 y 30 años sobre sus experiencias con este tipo de penetración y el dolor relacionado a ella. Los resultados fueron fundamentales porque mucho se habla del dolor y aquellas cosas que pueden ayudar a reducirlo (juego previo y lubricantes) y , sin embargo, poco se sabe hasta ahora, ya que son prácticamente nulas las investigaciones científicas al respecto.

El equipo de la Universidad de Zagreb encontró que cerca de la mitad de las participantes en el estudio (49%) tuvo que interrumpir su primera experiencia de sexo anal porque resultó demasiado dolorosa; un dato que llamó más la atención fue que de las encuestadas, solo el 52% había utilizado lubricante. Un 17% experimentó dolor pero aun así continuó y solo una cuarta parte mencionó que su primera experiencia de este tipo había sido cómoda, placentera y agradable.

Dicho esto, dos terceras partes de las 2 mil mujeres encuestadas probarían de nuevo sexo anal que, por supuesto, fueron aquellas que durante su primera vez no experimentaron dolor y sí mucho placer.Cerca del 9% de las mujeres que tuvieron sexo anal por lo menos dos veces durante el año pasado, dijeron haber experimentado dolor.

Es importante recalcar este 9%, ya que nos dice que la proporción de mujeres que sufren dolor durante una penetración vaginal es equiparable a aquellas que sufren en cuestión anal. Además, entre el 9% y 10% de ellas experimentaron dolor vaginal en actividades cotidianas, como subirse al auto o sentarse. Este porcentaje también se acerca al 10% ó 14% de mujeres que experimentaron dolor durante el sexo anal, y aunque el estudio de la Universidad de Zagreb preguntó a las mujeres sobre las posibles causas del dolor (poca relajación, poco jugueteo previo y poca lubricación, principalmente), aun no se puede determinar una causa clínica.

Los científicos creen que, como la vagina y la vulva, el dolor del ano pueda ser ocasionado por trastornos de la piel, como el liquen escleroso, que puede afectar la piel genital, incluida la del ano, aumentado la posibilidad de malestar, dolor o desgarro; ciertamente la falta de información puede ser una de las causas del dolor, pero no la única ni la principal. Algunos hombres y mujeres cumplen al pie de la letra los estatutos previos a la penetración anal: masajeo, lubricante, relajación y, sin embargo, el dolor sigue presente, esto ya derivaría en cuestiones médicas que poco han sido estudiadas.

Dados los resultados de la investigación de Aleksander Stulhofer, es necesario que la comunidad médica y científica centre más esfuerzos en determinar las causas reales de una práctica que cada vez se expande más entre todos los amantes del planeta.

PRÁCTICAS CATÓLICAS

catholic_school_girls_496c2dfb57333

Una leyenda urbana ronda ciudades en las que existen una notoria población católica, jóvenes uf-anos que gustan de relatar sus experiencias sexuales suelen señalar que si bien muchas chicas católicas se niegan a tener sexo vaginal, bajo una paradigmática aura de pureza (que para muchos solo las hace más sexy), muchas de ellas están dispuestas a intentar todo tipo de actos eróticos periféricos, como el sexo anal, siempre que no rompan con el sello de su virginidad.

En el popular Urban Dictionary encontramos la siguiente definición (en inglés) de “niña católica”: Se refiere a una joven mujer que, en su intento de preservar su virginidad, tendrá sexo anal, pero se negará a una relación sexual conevencional(“I won’t give it up, but I’ll take it up”).

La supuesta pasión por el sexo anal de las mujeres brasileñas es el resultado de que Brasil es un país predominantemente católicoen el que se les inculcaría la importancia de llegar vírgenes al matrimonio.

Más allá de que esta supuesta permisividad anal de las chicas católicas –y se dice que también las chicas judías– sea una fantasía rebelde de los adolescentes ansiosos por desvirgar a su novia o de nuestra cultura llena de películas como American Pie y de revistas como Teen, o en realidad sea algo que ocurre entre un sector de la población, el tema nos permite reflexionar sobre lo ridículo que es la religión oficial en lo que respecta a la sexualidad moderna. Lo que alimenta esta posible tendencia sexual es que la religión católica sostiene que una mujer debe de llegar virgen al matrimonio, tener sexo vaginal sin estar casado es un pecado –el sexo anal, seguramente también un pecado, sin embargo, parece escaparse del imperativo en una laguna del dogma católico (las mismas personas que “aplican la ley”, los padres y los sacerdotes, sufren de esa misma represión y nunca se atreverían a hablar del sexo anal) .

Por supuesto, aquí se exhibe una doble moral, el sexo anal es algo que se da por detrás en el sentido también de que puede ocultarse (en China se han popularizado hímenes artificiales para poder ocultar la penetración vaginal). No sólo es el temor al castigo de Dios, es el temor al castigo del Otro, de la sociedad, del hombre: al hacer visible la ausencia de la sangre.  Lo absurdo es que esta ley moral, se dice, parte de lo que ha sido establecido por la divinidad –pero esta ley supuestamente de origen divino, la cual es la que originó la prohibición sexual en primera instancia, poco pesa en comparación con el escrutinio profano del hombre. El hombre que irracionalmente (como ocurre en la novela Crónica de una Muerte Anunciada) proyecta su miedo a la justicia divina y persigue un dictamen  anacrónico que ni siquiera entiende.

¿De quien se esconden las niñas católicas que tienen sexo anal para evitar perder su virginidad?

El tema de fondo es cómo la iglesia ha usado la sexualidad como un mecanismo de poder para controlar a las masas. Si bien es indudable que existe una liberación sexual –muchas veces anegada por el bombardeo mediático del deseo dentro de la lógica perversa del consumo–, aún vivimos colectivamente los traumas de siglos de represión y confusión en nuestro entorno más inmediato: el cuerpo. Una intimidad sujeta a un aparato de poder, a una serie de normas que si tenían un significado y un sentido sagrado, con el tiempo y la ambición se han prostituido en su castidad.  La energía sexual es sin duda uno de los ámbitos fundamentales para la salud y la evolución humana; tergiversada entre dogmas y miedos atávicos, es difícil hoy ir al encuentro de ese abrazo cósmico sin todo un bagaje de fantasmas que dificultan el contacto en el presente, extático y libre de hacer que el hombre acaricie la divinidad sin un intermediario.

POPULARIDAD

El Estudio del Journal of Sexual Medicine revela que la popularidad del sexo anal se ha duplicado en las últimas dos décadas; al parecer esta práctica ha comenzado a vivir sus años dorados.

Un nuevo y altisonante estudio del prestigiado Journal of Sexual Medicine ha revelado que el sexo anal podría estar comenzando a vivir sus años dorados. De acuerdo con la información resultante de esta investigación, al menos el 20% de las mujeres entre 18 y 19 años han experimentado este tipo de relación al menos una vez en su vida, mientras que el 40% de las chicas entre 20 y 24 años admitieron haber sido convencidas por sus novios para probar esta polémica interacción. Finalmente encontramos que una de cada cinco mujeres ha tenido una experiencia de este tipo en el último año, en contraste con solo un 10% en 1992. A grandes rasgos esto quiere decir que se ha duplicado la popularidad de esta “disciplina”.

Pero la revelación no termina ahí, ya que el 11% de los hombres entre 20 y 24 años afirmó que le ha tocado interpretar el rol del “camino sin salida” al menos una vez en su vida. Esto resulta aún más sorprendente si consideramos que en 1992 solo el 2% de los hombres aceptaron algo similar. Esto puede interpretarse por un lado como que el sexo anal se ha popularizado entre los hombres, incluso los heterosexuales, y que ahora hay mucho menos complejo de admitir una experiencia así que hace dos décadas.

Para los estadounidenses, el sexo anal ha ido en incremento. En la década de los 90, solo un cuarto o un tercio de mujeres y hombres lo habían experimentado. Veinte años después, los números han crecido. De acuerdo a datos de la Encuesta Nacional de Salud Sexual y Comportamiento, el 40% ó 45% de mujeres y hombres han recurrido a la penetración anal.

Otras estadísticas muestran que las tasas de masturbación, sexo vaginal, sexo oral, y prácticas afines, han incrementado y rebasado al sexo anal. Esto solo es la punta del iceberg. A manera de ejemplo, se podría decir que la penetración anal es como el uso de drogas: su consumo crece con el paso del tiempoy, sin embargo, la gente lo calla, esconde o sataniza. Pero a diferencia del consumo de estas sustancias, el sexo anal puede resultar benéfico (y placentero) para quienes lo practican.

pornografia-en-internet

Sin embargo, científicos creen que el uso de pornografía habría permitido que más personas recurran con más frecuencia a esta variante sexual. Investigaciones han demostrado que de las escenas estudiadas en distinto sitios porno, esta práctica tuvo presencia en el 56% de ellas, incluso datos revelan que el 5% de los estadounidenses tuvo sexo anal en su última relación sexual.

Aunque un halo de placer, experimentación y nuevas experiencias rodea a esta práctica sexual, es necesario mencionar que sigue siendo uno de los actos más riesgosos cuando de contagio se trata, principalmente de VIH.

Otras investigaciones han demostrado que lo que sabe del sexo anal es nada en comparación a lo que no se sabe. Esto hace que sea más difícil para las escuelas, padres de familia y educadores transmitir un conocimiento real sobre esta práctica.

Fuente: [Salon, pijamasurf]

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s